Abstract
La producción vinícola, y por ende las bodegas, han sido históricamente un elemento definidor del territorio jerezano, configurando no solo su economía sino también su estructura urbana. Algo que evidencia su peso en el desarrollo de la ciudad es que, a principios del siglo XXI, más del 30% del suelo edificado sigue ocupado por edificaciones bodegueras.
Las grandes bodegas, junto a todos los equipamientos complementarios, con el tiempo, fueron constituyendo grandes complejos semiurbanos que llegarían a formar parte indispensable de la estructura urbana, creando una relación fluida con el resto de la estructura de la ciudad. Es debido a esta fusión que Jerez se consolidó en una ciudad bodega a mitad del siglo XIX, con una estructura urbana al servicio del vino, y un entramado que se puede encontrar también, en menor medida, en municipios próximos como El Puerto de Santa María o Sanlúcar de Barrameda.
Fundamentalmente en el siglo XX, Jerez desarrolla un interés por la conservación de estas edificaciones históricas y un relanzamiento de la industria vitivinícola; y aunque con la llegada del siglo XXI se haya mermado el uso de esta industria y muchas construcciones ya no desarrollan la actividad para la que fueron creadas, estas continúan dominando el trazado de la ciudad.
Por este motivo para poder estudiar el trazado urbano de la ciudad se hace indispensable profundizar en el ámbito vinícola, pudiendo saber cómo ha afectado realmente esta industria en su estructuración.
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Universidad Rey Juan Carlos
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Trabajo Fin de Grado leído en la Universidad Rey Juan Carlos en el curso académico 2024/2025. Directores/as: María Elena Escudero López



