Abstract
En el mundo de la poesía aparece de vez en cuando una riña sin sentido entre la palabra
(hablada) y el papel donde la hallamos escrita. Cuando el movimiento Poetry Slam llegó a
España los comentarios del tipo ¡La poesía no es espectáculo! (Cortina, 2016, p. 80) o eso no es
poesía no se hicieron esperar. Como bien relata Cortina en su libro Contra los “Slammers”: 12
partituras, un poema y un discurso (2016) estos comentarios solían emanar de “…poetas tan
aristocráticos [que] les agrada que las notas se las ponga algún jurado de “colegas.”” (Cortina,
2016, P. 81). Los problemas parecían ser tanto el elemento competitivo de las noches de Poetry
Slam como el performativo, cosa que tampoco debe sorprender demasiado cuando se tiene en
consideración que el mismo Slam parece haber sido fundado en rebeldía al canon poético de su
momento, en este caso el de EE. UU. en los 80 de siglo pasado. Digo parece, porque a poco que
uno se sumerja en la filosofía del slam, detallada por su fundador Marc Kelly Smith en su libro,
Take the Mic: The Art of Performance Poetry, Slam and the Spoken Word (2009), entiende que la
rebeldía no es hacia ningún canon o genero poético sino a la manera tan fría, distante y muchas
veces aburrida, que había -y aún muchas veces hay- de presentar la poesía al público.
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Servicio de Publicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos
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ISBN: 978-84-09-56804-8
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