EL PSICO-ESTADO, Materiales para un psicoanálisis del poder
Fecha
2024
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Editor
ED. GARAJE ENSAYO
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Resumen
El Psico-estado no es un libro de teoría política al uso. El autor, rompiendo con la tradición anglosajona que busca convertir la teoría política en un mero recetario de ideas, penetra en las raíces más profundas de nuestro ser social y político, y lo hacer buscando comprender la configuración política desde la mera condición zoológica de nuestra especie.
Estamos ante una recuperación radical de la biopolítica: la interpretación del acontecimiento político desde su estructura biológica y animal. El libro nos afronta a comprender la sociedad en que vivimos partiendo de la materialidad biológica de lo que somos.
Desde el primer capítulo, Oliván se centra en el tema del cuerpo. Cuerpo biológico y cuerpo social se funden en la sustancia de nuestra psique. Es el cuerpo y no la persona, pura entelequia, el verdadero sujeto del acontecimiento político. Desde este materialismo radical, el libro va desgranando los aparatos sociales sobre las que se levanta el gigantesco edificio del orden político.
La segunda parte, dedicada a la construcción social de las percepciones sensitivas, constituye un verdadero tratado de psicología política. El análisis de la percepción que nos propone la obra nos permite comprender la complejidad del hecho social y lo hace, ésta es su clave, al margen de toda concesión idealista.
Como expresa su subtítulo, estamos ante los materiales de una verdadera gramática de la percepción política.
Descripción
Oliván abre el año con un nuevo libro (aunque editado en diciembre del 24, entiendo que estamos ante el primer libro de teoría política de 2025) y nuevamente nos sorprende con una obra que viene a romper muchas de las seguridades sobre las que se sustenta el saber académico.
Es difícil catalogar este nuevo trabajo. Aunque procediendo del área del derecho constitucional, Oliván ha ido derivando no solo hacia la teoría y la filosofía del estado, sino también hacia propuestas analíticas complejísimas donde, como él mismo reconocía ya en sus libros anteriores, no duda en incorporar instrumentales procedentes de la antropología, el mito-análisis y, sobre todo, del psicoanálisis en especial en esa rama lacaniana que acoge la semiótica como parte de su aparato crítico.
“El Psico-estado”, sin embargo, no sigue la línea que trazaban sus tres últimas obras, algo que queda marcado, incluso, por el cambio de editora y su retorno a El Garaje ediciones, editorial más vinculada al pensamiento radical y donde ya publicó “El Golpe de Estado como espectáculo” (2020) Casi podríamos ir marcando sus distintas líneas de investigación vinculándolas, en cierto grado, a la elección del sello de publicación.
“Leviatán al desnudo” (2022) cerró un ciclo -en realidad una trilogía- en la que la lupa analítica proyectaba la mirada sobre los tres pilares del orden liberal contemporáneo, Democracia electiva, Derechos humanos y Estado de derecho, y donde nos afrontó con la profunda carga ideológica a la que nos remiten esos tres conceptos. Una mirada que proyectaba inquietantes descubrimientos.
La propuesta reflexiva de este nuevo libro hay que vincularla más a esas otras obras, “Nueva Teoría Política”, “Antropología de las Formas Políticas de Occidente” o la ya mencionada “El Golpe de Estado como Espectáculo”, donde su análisis, al margen de la arqueología conceptual de la trilogía sobre el Estado ya mencionada, busca alcanzar la razón misma de nuestra existencia como grupo humano. Una línea que enlaza con el contenido semántico de ese término que ya lanzaran Foucault y otros autores: la Biopolitica.
Recogiendo la metáfora que ya utilizó el propio Oliván para definir sus anteriores trabajos, también aquí estamos ante un viaje. Un viaje a los orígenes mismos de nuestro ser en su manifestación social y política. La propuesta de Oliván, este es su rasgo constante, viene marcada por un materialismo radical, una voluntad de huir de todo tipo de concesiones al idealismo en que se instala el pensamiento político-jurídico desde los tiempos post-socráticos. Su proyecto consiste en deconstruir la idea de hombre suprimiendo, punto a punto, ese sesgo idealista que se acopla a su materia básica, y que nos lleva a pensarnos como una especie que, en negación de su mera condición animal, alcanza -eso nos dicen prácticamente todas las religiones- la misma sustancia divina.
Oliván, por el contrario, trata de comprender esa humanidad que somos, con todos sus logros sociales, es decir, la tecnología, el arte, la política, el derecho y la misma religión, desde los fundamentos mismos de nuestra condición animal. Es decir, como él mismo insiste, no somos más que una especie zoológica, una variante de los celenterados cordados del grupo de los mamíferos que ha hecho de su competencia simbólica el núcleo duro de su potencial evolutivo. Y lo ha hecho, como nos insiste el mismo Darwin, no sobre supuestas mecánicas de adaptación al medio en la lucha por la supervivencia como especie, sino como mera mecánica de atracción sexual, es decir, tal y como hacen prácticamente todas las especies sexuadas en la urgencia de destacar su atractivo erótico.
Como dice en alguna parte de su libro, la religión, la ciencia, la poesía, la política, etc., no son más que expresiones que realzan el atractivo del mejor dotado, potenciando sus posibilidades de acoplamiento sexual, realmente, lo único que impulsa a los seres vivos a la evolución de sus formas. Pues bien, como decimos, Oliván busca reconstruir desde ese grado cero de nuestra condición animal el aparato gigantesco del orden político.
Un reto gigantesco, es cierto, de ahí esa confesión de modestia que proclama en el subtítulo “materiales para un psicoanálisis del poder”. Coherentemente, la obra se presenta no como una teoría más o menos acabada, sino como una propuesta de materiales a la que, ¡por qué no!, puede seguir una segunda donde se atreva ya a tejer esos mil cabos sueltos que resultan del trabajo deconstructivo que emprende en este posiblemente su primer volumen.
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El libro tiene dos partes. En la primea, centrada en el concepto cuerpo, nos afronta al reto intelectual de comprender, bajo la idea de cuerpo, la realidad social de la comunidad política. Entiendo que es ahí donde radica el extraño concepto de psico-estado que da título al trabajo. Construir la idea de comunidad política, y en especial la mismísima idea de estado, desde la perspectiva del cuerpo entraña, esta es la tesis central del libro, un juego intelectual que trasciende el componente biológico de nuestra especie, de ahí el recurso explícito a la tecnología del psicoanálisis.
Ya en “Leviatán al desnudo”, el profesor Oliván centró prácticamente todo el trabajo en la idea hobbiana de “persona”: El estado como persona. Una investigación que le llevó a contemplar el profundo sustrato romano-cristiano del estado moderno. Una construcción jurídica que encuentra sus raíces conceptuales en la magistral fictio iuris que supuso, tras la Constitutio Antoniniana, la configuración como personas jurídicas de los organismos políticos. La unificación jurídica del Imperio reclamó dotar de esa personalidad a todos esos entes, hasta ese momento ciudades con absoluta autonomía normativa, esas poleis que componían el mapa imperial, con una subjetividad que las convirtiera en sujetos de derecho ante el nuevo ius universalizado que impone la Constitutio de 212. Lo que apunta Oliván en esa obra es que, a ese primer paso, construido bajo la mecánica de las ficciones a las que tan aficionados eran los juristas romanos, le sigue pronto uno nuevo, obra ya de la teología cristiana, que impulsará esta figura, de entrada meramente jurídica, a unas dimensiones sobrecogedoras. Los Santos Padres, al aplicar la fictio iuris de la persona jurídica a la gran construcción de la Iglesia, levantaron los cimientos de lo que sería el Estado moderno. Su propuesta, la de aquellos obispos del Bajo Imperio, no fue otra que dotar de una consistencia material absoluta lo que simplemente nacía como una ficción construida en el marco lingüístico.
Aunque ahora acostumbramos a distinguir entre persona jurídica y persona física, la realidad es que la teología fusiona esos dos conceptos bajo la genial idea del Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia como cuerpo místico de Cristo desborda la vieja mecánica de las ficciones y nos obliga a penetrar en una realidad social absolutamente nueva. La tesis de Oliván es ese libro es que el Estado es el heredero directo de esta construcción, de ahí que apunte a los Estados de la Iglesia como el modelo más perfecto de organización estatal. Un proceso de personalización que alcanzará su zenit con el nacionalismo decimonónico. Con ello el orden político terminó asumiendo prácticamente la totalidad de los mitemas del texto cristiano: El estado moderno contemporáneo se recrea como el cuerpo místico de la Nación, es decir, un nuevo Cristo redivivo.
En su nueva obra, “El Psico-estado”, su trabajo da un salto profundizando aún más en esa sustancia corpórea del orden comunitario. Para concebir el estado como persona hubo previamente que concebir a la comunidad política -la polis y el Imperio- como cuerpo, algo que se produce, esta es la tesis de este nuevo trabajo, también en un momento histórico concreto, eso sí, muchísimo más lejano en el tiempo, ese tiempo liminar en el que el eón de un sistema soportado sobre el derecho materno da paso a las nuevas formas del derecho paterno. Un momento histórico que hace coincidir con el nacimiento de la idea de espacio público y, con ello, de la misma sustancia de la política.
El orden político, tal y como lo conocemos en Occidente, es el fruto de un proceso de construcción social vinculado a las mecánicas del patriarcado, de ahí su vinculación con la idea de cuerpo. Un enfoque de un materialismo radical que permite al autor desentrañar los aparatos sociales que sostienen la mecánica de nuestro orden jurídico-político.
la segunda parte cambia de registro. La investigación centra su atención en las relaciones de ese cuerpo con ese mundo exterior que le rodea, sobre todo en esas que hacen de nuestra especie una especie socializada. Con este propósito va analizando, uno a uno, los cinco sentidos -vista, oído, tacto, olfato y gusto- que configuran, en nuestro marco cultural, y pese a las sinestesias que los recorren, el espectro sensorial de nuestra especie. Un análisis que nos permite comprender el complejísimo contenido social que las recorre.
Mas allá de una construcción social de la realidad, lo que nos propone el autor es una construcción de lo social desde las mecánicas simbólicas de la precepción. Algo que ya se apuntaba tanto en “Nueva Teoría Política” y en “Antropología de las Formas políticas de Occidente” y que alcanza en este trabajo su punto de ebullición. Las percepciones, esta es su tesis, se construyen como lenguaje y solo así se incorporan a nuestro ser. En breve, las sensaciones, todas las sensaciones, se perciben bajo estructuras lingüísticas. Una ligüistización relativamente fácil de apreciar en el marco del sonido y de la vista donde las lenguas, la música, o los textos escritos nos dan la pauta, pero que Oliván traslada también al resto de percepciones. Hay también, así nos lo demuestra, una gramática del tacto, como también la hay del olfato y el gusto. Una gramatización sobre la que se levanta el gigantesco edificio del orden político.
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Aunque lleno de erudición, el libro es de grata lectura. No solo por lo que nos aporta culturalmente, sino también por ese peculiar estilo del autor donde constantemente busca una cierta exquisitez de las formas. Es de agradecer su empeño de que el estilo es también parte de la ciencia. Como dijo Flaubert, “el estilo es la vida”.