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El tejido adiposo, y en concreto, el tejido adiposo blanco, es un órgano heterogéneo implicado en diversos procesos biológicos. La función principal del tejido adiposo blanco es el almacenaje y procesamiento de lípidos, y por tanto es esencial para la homeostasis energética del organismo. Sin embargo, su función endocrina va cobrando cada vez más importancia, ya que, tanto los adipocitos como otros tipos celulares que forman parte de este tejido producen y secretan gran variedad de moléculas bioactivas. Estas moléculas participan en la regulación de vías metabólicas como el metabolismo lipídico, la adipogénesis, la sensibilidad a la insulina o la inflamación. Además, la distribución del tejido adiposo en distintos depósitos influye en la regulación estos procesos, debido a las diferencias inherentes entre los depósitos grasos. Por ello, el correcto funcionamiento del tejido adiposo es clave para el mantenimiento de la homeostasis metabólica general, y su alteración puede determinar la aparición y/o progresión de complicaciones metabólicas. Aunque es un órgano muy plástico, las alteraciones del tejido adiposo pueden ser consecuencia de un fallo en su adaptación ante situaciones de una demanda energética alta. La falta en la capacidad de expansión y de plasticidad en este tejido conduce principalmente a lipotoxicidad, alteraciones en la producción y secreción de moléculas, así como a un aumento de la inflamación. Esto, a su vez, se asocia con el desarrollo de alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina, entre otras cosas.
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Universidad Rey Juan Carlos

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Tesis Doctoral leída en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en 2023. Directoras: Rocío Vila Bedmar Gema Medina Gómez

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