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La prevención de la infección tras el acto quirúrgico viene realizándose desde la antigua Grecia. Hipócrates ya utilizaba vinagre para irrigar heridas abiertas y las cubría. Las infecciones quirúrgicas tuvieron inexorablemente unas consecuencias letales hasta el siglo XIX, cuando Ignaz Semmelweis (1847) describió las bases de la asepsia, recomendando el lavado de manos e instrumental quirúrgico para reducir la sepsis puerperal. En 1867, Joseph Lister introdujo los principios de la antisepsia y Louis Pasteur la teoría de los gérmenes, reduciéndose las complicaciones infecciosas y mortalidad postoperatorias. A mediados del pasado siglo XX se introdujeron los antibióticos que, junto con mejoras en los métodos de esterilización, en la ventilación del quirófano y en la técnica quirúrgica, permitieron un mejor control de la infección. Por tanto, la lucha frente a las infecciones quirúrgicas viene de lejos. Han sido muchas las mejoras, pero aún siguen constituyendo un importante problema de salud pública.
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Universidad Rey Juan Carlos

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Tesis Doctoral leída en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en 2019. Director de la Tesis: Gil Rodríguez Caravaca

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